Doc. nº 1: Carta al Arzobispo de Sevilla
· Doc. nº 2: Datos históricos ·
Doc. nº 3: Carta al Papa Pablo VI
DOCUMENTO Nº 2
Datos históricos sobre hechos
que precedieron a las primeras visiones y misiones apostólicas
del vidente de El Palmar de Troya, Clemente Domínguez Gómez
Para servir de introducción a un libro sobre las Visiones y
Mensajes, dados por el Cielo al vidente Clemente Domínguez, me han
solicitado que escriba una breve historia, que dé, al lector, una
idea, lo mas exacta posible, sobre los momentos que precedieron a
las manifestaciones celestiales y misión apostólica de este
elegido de Dios.
Aunque yo conocí a Clemente, en Sevilla, el día 18 de Mayo de
1968, creo que fue en el momento preciso, determinado por la
Providencia, para poder conocer, seguir y compartir las etapas
que, como vidente, habría de vivir.
Por razones de mi trabajo, fui trasladado de Madrid, en donde
residía desde hace más de veinticinco años, llegando a esta
mariana, histórica y bella ciudad de Sevilla, a primeras de enero
de 1968.
Desde que conocí a Clemente, nuestra amistad fue, cada día, más
estrecha y sincera. El había nacido en esta ciudad de Sevilla, en
el número 13 de la calle Santander, hoy número 5, muy próximo a la
Catedral, el día 23 de Abril de 1946. Trabajaba en una oficina
como contable y su manera de vivir era sencilla.
En los primeros días de nuestra amistad, y tras de una
conversación que mantuvimos, él me reveló que, en el espacio de
una semana, había tenido dos sueños: se le había aparecido la
Santísima Virgen y le había impuesto el hábito de Santo Domingo.
Clemente me contaba todo esto con una gran naturalidad, a lo que
yo no le di importancia. Pero él, seguro de la trascendencia de
esos sueños, reafirmaba rotundamente: yo seré Dominico.
Pero antes de continuar el breve relato sobre Clemente, quiero
hacer al lector una escueta presentación de los comienzos de las
Apariciones Celestiales en el Palmar de Troya.
El día 30 de Marzo de 1968, la Santísima Virgen del Carmen se
aparece, por primera vez, sobre un Lentisco de la finca la
Alcaparrosa, a cuatro niñas del pueblo: Rafaela, Ana, Josefa y
Ana. Esta planta, llamada lentisco, abundaba mucho en la finca.
Del Lentisco de la primera aparición, no quedó nada, pues los
devotos cortaban sus ramas como valiosa reliquia. En el lugar
exacto se colocó una pequeña Cruz de madera, y alrededor de ella
se hacían las oraciones y los videntes recibían las visitas
celestiales. De esta manera se conservó el sitio elegido por la
Santísima Virgen en su primera aparición. Después, siendo ya
Clemente vidente, se colocó en este lugar del Lentisco la Sagrada
Faz de Jesús y la imagen de Nuestra Madre del Palmar.
La finca de las Apariciones está situada a 1 kilómetro,
aproximadamente, del pueblo del Palmar de Troya, que dista a unos
15 kilómetros de Utrera y pertenece a la provincia de Sevilla
(España).
Tras de las cuatro primeras niñas, fueron surgiendo otros
videntes: Rosario Arenillas, del Palmar de Troya, el 14 de Abril
de 1968; María Marín, de Utrera, el día 20 de Mayo de 1968, y
María Luisa Vila, de Sevilla, el día 6 de Junio de 1968.
Y, dentro del mismo año: Antonio Romero, José Navarro (Cayetano),
Manuel Fernández, Antonio Anillos y otros, todos residentes en el
Palmar de Troya. Posteriormente también fue elegida, como vidente,
Arsenia Llanos, de Jerez de la Frontera.
Cuando conocí a Clemente, ya había yo visitado el lugar de la
Aparición, como simple curioso, aunque manteniendo un cierto
respeto e interés. Hablé a Clemente de El Palmar, que él también
había visitado ya, y en mi coche nos desplazamos a la Aparición.
Durante las distintas visitas que hicimos durante el año 1968,
nuestra postura fue de curiosidad respetuosa, pues en el fondo
admitíamos que pudiera haber algo sobrenatural.
Era el 15 de Octubre de 1968. Nos enteramos que la Santísima
Virgen había llamado, por medio de María Marín, para que acudieran
muchos, ese día, a El Palmar. Clemente y yo fuimos a El Palmar ya
de noche. Cuando llegamos todo había pasado, pues eran cerca de
las 11 de la noche. Sin embargo, a esa hora nos esperaba algo
desagradable. Al llegar a la puerta de la finca, observamos que
aún, en el Lentisco, había un grupo de personas. Estas daban
vueltas, como danzando en corro, alrededor de una mujer, mientras
que, intercalando sarcásticas carcajadas, cantaban las Avemarías
del Rosario, entre risotadas y aplausos diabólicos. El espectáculo
estremecedor se apreciaba, a esa distancia, gracias a unos cirios
que arriba estaban encendidos. No nos atrevimos a subir al
Lentisco. Rezamos unas Avemarías y regresamos a Sevilla. Algún
tiempo después nos informaron que una mujer demente, que nadie
conocía, había sembrado la confusión entre los asistentes diciendo
que era la encarnación de la Virgen del Pilar.
Desde esa fecha, Clemente y yo, desistimos casi de visitar El
Palmar.
Pero, fue entrado el verano del año 1969 cuando, gracias a un
articulo publicado en el ABC, por un Padre Jesuita, en defensa de
El Palmar, nuevamente sentimos cierto interés por estos fenómenos
sobrenaturales. Interés que aumentó, gracias a otra nota,
publicada también en el ABC, del Hermano Nectario María, anciano
de reconocida santidad y sabiduría, por la que invitaba a una
conferencia que iba a dar en el Convento de Lasalle, calle San
Luis 35, de Sevilla. Clemente y yo fuimos a oír la conferencia.
Había allí un buen número de personas, entre ellas, Don Antonio
Vota y su esposa. El Hermano Nectario María hizo una resumida e
interesante exposición de los fenómenos de El Palmar, acompañada
de pruebas documentales. Finalizado el acto, pudimos intercambiar
algunas palabras con el Hermano Nectario quedando algo más
convencidos de que las Apariciones pudieran ser ciertas.
Pero una fecha clave, en esta reseña histórica, es la del 15 de
Agosto de 1969, festividad de la Asunción de la Virgen. Por la
mañana, salimos Clemente y yo hacia las playas de Cádiz, para
pasar el día. Pero, en nuestro itinerario, decidimos pasar por El
Palmar de Troya. Allí había un grupo de personas que esperaban a
un Padre Jesuita y que posiblemente dijera Misa por la tarde. Poco
después llegó este Sacerdote, hablamos con él y decidimos
quedarnos allí todo el día.
Por la tarde acudieron más peregrinos. El Padre Jesuita dijo la
Santa Misa sobre un altar que había junto a la tapia, fuera de la
finca de las Apariciones.
Durante la Misa tuvo María Luisa Vila una visión de la Santísima
Virgen. Era la primera vez que presenciamos un éxtasis, aunque no
estábamos muy próximos a la vidente. Comulgamos con mucha devoción
y quedamos convencidos de que las Apariciones de El Palmar eran
verdaderas.
Subimos, después, al Lentisco, en donde estaba María Marín viendo
al Señor, en un maravilloso éxtasis. De pronto, oímos una voz
potente, la del Hermano Nectario María, que decía con seguridad:
"¡Cristo está aquí presente!" Todo nuestro ser se estremeció. Era
la primera vez que oíamos que el Señor se aparecía en El Palmar.
También presenciamos una visión de Rosario Arenillas, apreciando
una fuerte fragancia celestial.
Desde entonces, nuestras visitas a El Palmar eran casi a diario.
Fuimos conociendo mejor a los videntes y recibiendo pruebas de su
autenticidad.
Un detalle muy significativo, eran las frecuentes atenciones que
el Señor y la Santísima Virgen tenían para con Clemente, a través
de los distintos videntes de El Palmar, dándole una singular
distinción y mostrándole una especial preferencia. Sin duda
alguna, el Cielo iba preparando el camino de aquél a quien,
después, confiaría sus Mensajes más importantes.
Veamos algunos de estos hechos:
La vidente Rosario Arenillas reveló a Clemente que la Virgen le
había dicho que llegaría un día a tener visiones y que sufriría
mucho.
Estábamos una noche en el Lentisco la vidente María Luisa Vila, su
esposo, Rosario Arenillas, Clemente Domínguez, un matrimonio de
Jerez, algunas personas más y yo. Durante el rezo del Santo
Rosario entraron en éxtasis María Luisa y Rosario. La Santísima
Virgen llama a Clemente a través de las dos videntes, para que se
acerque a Ella. Dichas videntes no se atrevían a hablar. Pero
Clemente siente en su interior la llamada, como una fuerza que le
hace aproximarse más al Lentisco. La Virgen avanza hacia él, pone
sus Manos sobre su cabeza y le cubre con todo su cuerpo. María
Luisa Vila decía: "!Mira, Rosario, mira!" Ambas estaban
presenciando el hecho.
Algo similar ocurrió pocos días después con el Señor, estando
María Marín en éxtasis. Y de otras muchas formas el Cielo
reiteraba sus atenciones, para con Clemente, a través de los demás
videntes.
Inolvidable fue, para nosotros, la fecha del 14 de Setiembre de
1969, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz. Era ya de
noche. Poco tiempo antes habíamos presenciado un éxtasis de María
Luisa Vila, que nos llenó de gran paz. Pero el Diablo, a través de
una persona que estaba presente, turbó mi alma, llenándola de
dudas. Clemente y yo nos bajamos a la carretera. Una angustiosa
confusión que aprisionaba mi espíritu, me hizo exclamar:
¡No vuelvo más a El Palmar mientras la Virgen no me llame!
Clemente se puso a llorar. De pronto, del horizonte sale una luz
potentísima, que avanza lentamente hasta posarse sobre el
Lentisco, formándose una gran Cruz sobre un pedestal de flores
luminosas y con maravillosos resplandores. La emoción era
indescriptible. Clemente y yo salimos corriendo hacia el Lentisco.
Pero, a la mitad del camino, la maravillosa visión desapareció.
Preguntamos a tres personas que allí estaban rezando si habían
visto algo. Nos miraron extrañados, respondiendo que no. También
estaba allí el vidente José (Cayetano), y él nos confirmó nuestra
visión, entrando, poco después, en un maravilloso éxtasis.
Seguíamos frecuentando El Palmar. Clemente y yo hacíamos todos los
días el Viacrucis, y dirigíamos, a veces, las oraciones en el
Lentisco, y esto era del agrado de los que allí estaban,
especialmente de los videntes. Tuvimos oportunidad de ver, en
varias ocasiones, los éxtasis de las cuatro primeras niñas, que
eran de un candor extraordinario. Conocimos e hicimos gran amistad
con la vidente Arsenia Llanos, cuyos éxtasis nos producirán una
gran paz en el alma. También presenciamos algunas visiones de
Manuel Fernández, Antonio Romero y alguno más.
Clemente mostraba deseos de ver a la Virgen. Se lo había pedido
muchas veces.
Fue el día 30 de Setiembre de 1969, cuando Clemente tuvo la
primera visión. Había transcurrido un año y medio de la primera
Aparición de El Palmar.
Orábamos en el Lentisco un buen número de personas, entre las que
se encontraba la vidente Rosario Arenillas. Estaba oscureciendo.
De pronto sentimos como suspirar a Clemente y que nos dice que ve
dos figuras de personas, una alta y otra más baja, que vienen
andando lentamente hacia el Lentisco desde la parte alta de la
finca. Las dos figuras, que eran oscuras y en las cuales el
vidente no podía apreciar los rasgos de sus rostros, quedan
paradas a unos metros más arriba del Lentisco. Clemente, al mismo
tiempo que las veía, era consciente del lugar y personas que lo
rodeábamos. El comprendió, por los detalles, un poco difusos, de
sus cuerpos, que se trataba del Señor y del Padre Pio. Pasada la
visión, la vidente Rosario Arenillas, que también había
presenciado la aparición, le confirmó que eran el Señor y el Padre
Pío.
Pocos días después, tuvo idéntica visión, y en las mismas
circunstancias, con la vidente María Luisa Vila.
Desde estas fechas, Clemente tenía visiones con frecuencia.
También veía a la Virgen, a San José y a otros Santos, pero de la
misma manera que las dos primeras: oscuras y sin poder apreciar
sus rostros.
El día 8 de Diciembre de 1969, festividad de la Inmaculada
Concepción, fue una fecha memorable para Clemente. Por la mañana
fuimos a El Palmar a permanecer allí todo el día. Nos reunimos un
buen número de personas.
A media mañana, Clemente entra en éxtasis ante la visión de la
Virgen Inmaculada. Minutos después, apareció el Señor, como Cristo
Rey. Era la primera vez que, el vidente, había visto al Señor y a
la Virgen, claramente, apreciando perfectamente todos sus detalles
de figuras y rostros. Clemente caía en tierra por el arrobamiento,
con la pérdida de todos sus sentidos. Desde esta fecha todas las
visiones de Clemente, fueron de una percepción perfectamente
clara.
Pero, por la tarde, ya oscurecido, el Ciclo le regaló con otras
visiones maravillosas. Primero apareció la Santísima Virgen,
rodeada de ángeles, los cuales portaban los hábitos de la Orden de
Santo Domingo. Apareció, poco después, el Señor, y después un
Santo. El Señor indicó al vidente que se trataba de Santo Domingo.
Este Santo Fundador de los Dominicos, anunció a Clemente la
presencia de San José, que también se hizo visible. El vidente oyó
por primera vez la voz del Señor, la de la Virgen y la de ambos
Santos.
Pero la visión iba haciéndose cada vez más impresionante. Clemente
recibía de manos de la Santísima Virgen el hábito de Santo
Domingo, que traían los ángeles y se lo imponían. Poco después
recibía también los ornamentos sagrados de Sacerdote, e iba
recitando, en latín, las partes de la Misa, que le dictaba San
José, menos la Consagración. Para que no haya error en la
interpretación que puedan hacer los lectores, he de advertir que
todo esto sucedía de forma mística, ya que el vidente se veía así
revestido en la visión. Los que rodeábamos al vidente, sólo
apreciábamos sus gestos y oíamos su voz. Fue un éxtasis de
indescriptible belleza y emoción.
El primer Mensaje lo recibió Clemente de boca de Santo Domingo, el
día 10 de Diciembre de 1969, recomendando el rezo del Santo
Rosario de Padrenuestros.
Pero en este día sucedió un hecho muy significativo. Cuando
llegamos a El Palmar, la puerta de entrada a la finca, que estaba
junto a la gran Cruz que hay en la tapia, estaba cerrada. Esa fue
la primitiva entrada. Nos pusimos a rezar cerca de donde hoy se
encuentra la imagen de la Divina Pastora. Cayó Clemente en
éxtasis. Vio cómo San José se trasladó desde el Lentisco a la tapia,
próximo a nosotros. Aquí se repitió la misma
celebración de la Misa de que hablamos el día 8, y otras veces más
sucedió días después. Aparecieron también el Señor y Santo
Domingo. Cuando acabó el éxtasis, pudimos contemplar cómo se había
abierto una nueva puerta de entrada, la que hoy existe. No
salíamos de nuestro asombro, pues nadie oyó ningún ruido.
Solamente Don Antonio Vota nos contó que, durante el éxtasis de
Clemente, fue a poner las manos sobre la pared y se le vino abajo.
Cosa extraña, pues ésta tenía resistencia suficiente para no
caerse tan fácilmente. Clemente nos indicó que en la misma puerta,
sobre la pared, se había puesto San José. Entendimos todos que
había sido este Santo quien la había abierto. No nos atrevimos a
entrar. Por fin pasamos a la finca con algún temor, y cuando
habíamos avanzado unos metros, Clemente vio a San José que, desde
la puerta, con su vara, nos indicaba que subiéramos al Lentisco.
El día 12 de Diciembre de 1969 Clemente tuvo una visión de Santo
Domingo, que le dijo: "Ahora contempla a mi derecha el Divino
Rostro de Nuestro Señor Jesucristo. Mira, hijo mío, la Faz del que
lo dio todo, hasta su aliento, por tus pecados y por los pecados
de todo el mundo". Y apareció la Santa Faz de Jesús, dolorosa y
sangrante. Santo Domingo le dio a continuación los importantes
Mensajes sobre la Santa Faz: la extensión de la Adoración de la
Santa Faz por todo el mundo, el Santo Viacrucis y la Comunión
reparadora de los primeros Jueves, reparando los ultrajes al
Divino Rostro del Señor.
Hasta que se colocó la Sagrada Faz en el Lentisco, llevábamos un
cuadro del Rostro del Señor, y hacíamos oración ante él. Era muy
frecuente que, en los éxtasis, Clemente tomara el cuadro en sus
manos, lo elevara y bendijera a todos, en latín, por mandato del
Señor. Clemente, cuando era casi un niño, perteneció a la
Congregación de la Santa Faz, que radicaba en la Parroquia de San
Clemente (Del Sagrario, anexa a la Catedral). Esta Parroquia,
donde Clemente fue bautizado, está presidida, en el Altar Mayor,
por un lienzo de la Santa Faz y una imagen de San Clemente Papa.
La Santa Faz del Lentisco se colocó, por mandato del Cielo a
Clemente, el día 2 de Febrero de 1970. La imagen de la Divina
Pastora se colocó y bendijo los días 1 y 2 de Marzo de 1972.
Nuestra Madre de El Palmar fue puesta en el Lentisco el día 12 de
Setiembre de 1972.
Creo que con todos estos datos el lector puede hacerse una idea de
cómo Clemente conoció El Palmar, creyó en la Aparición y tuvo sus
primeras visiones y Mensajes.
Todo sea a la mayor gloria de Dios y de su Santísima Madre.
Manuel Alonso Corral de la Santa Faz y
de la Cruz
Sevilla, 27 de Abril de 1974.